Sara- Cómo aprender a confiar
¿Cómo se aprende a confiar?, ¿Cómo confiar cuando una no se siente segura?, ¿Cómo vencer el miedo que impide confiar, estar tranquila y soltar?.
Sara siempre estaba en alerta, casi podríamos decir que no conocía lo que era la calma y la tranquilidad. Había encontrado esa calma solo cuando tomaba ansiolíticos, pero ella quería una calma real y natural.
Vivir en alerta constante: cuando el cuerpo no se siente seguro
Desde muy pequeña, su hogar no fue un lugar seguro. Las discusiones constantes entre sus padres la colocaron en el papel de intermediaria y mensajera. Sentía que vivía entre la espada y la pared. Trabajamos revisando su estilo de apego y el trauma que podía haber generado esta situación.
Crecer en un entorno inseguro
Muy pronto aprendió a ser una salvadora de sus padres y ocultar sus propias necesidades, olvidándose de sí misma. Sus necesidades pasaron a un segundo plano. Escuchaba y aconsejaba a sus padres desde bien pequeña. Intentaba calmar sus angustias y no hacer mucho ruido ni dar problemas. Ellos ya tenían suficientes problemas, se decía.
Aprender a vivir en hipervigilancia
Crecer en un entorno donde no había calma ni seguridad hizo que la hipervigilancia se convirtiera en su manera de estar en el mundo. Sara aprendió a estar siempre alerta, anticipando peligros. Esa es la forma que encontró su mente de protegerse de la situación que vivía.
Sin embargo en el momento presente, a sus 30 años, esa forma de estar en el mundo ya estaba obsoleta y le impedía estar tranquila y en paz.
El miedo a parar y a confiar
Al independizarse, ese estado no desapareció. Aunque su realidad había cambiado, su cuerpo y su mente seguían funcionando en continuo estado de alerta. Vivía con una creencia profundamente arraigada: “Si paro, todo se derrumba. Si me relajo, algo malo ocurrirá.”
Confiar tampoco era una opción para ella. Dentro llevaba grabado un mensaje silencioso pero poderoso: “No puedo confiar en los demás; si lo hago, me harán daño o me traicionarán.”
A lo largo de las sesiones, Sara pudo descubrir y darle voz a lo que estaba detrás de su estado de agitación y tensión; el miedo a soltar, a relajarse y a confiar.
Soltar y confiar también implica miedo
Soltar y confiar es de valientes.
Si soltamos, nos pueden herir.
Pero si no soltamos, el precio puede ser vivir siempre en alerta continua, con un cuerpo que nunca descansa y que termina expresando ese estrés a través de síntomas físicos y emocionales.
¿Cómo se aprende a confiar?
Para aprender a confiar es necesario mirar de frente la emoción que hay detrás: el miedo.
Miedo a sufrir.
Miedo a perder el control.
Miedo al rechazo.
Miedo al fracaso.
Miedo a no ser suficiente.
Cuando nombramos la emoción, cuando la reconocemos y le damos espacio, dejamos de luchar contra ella. Y solo entonces podemos empezar a transformarla.
Sentir el miedo para poder atravesarlo
Vencer el miedo no significa eliminarlo.
Significa permitirse sentirlo, comprender su origen y reconocer su función: protegernos.
Validar el miedo para que el cuerpo se relaje
Validar el miedo —en lugar de juzgarlo o reprimirlo— permite que se vaya procesando poco a poco. El cuerpo comienza a relajarse cuando entiende que ya no está solo ni en peligro constante.
Del miedo a la confianza
Cuando el miedo es escuchado, empieza a surgir la confianza.
Aparece el coraje:
dar pequeños pasos hacia adelante,
abrirse (aunque sea despacio) a nuevos vínculos,
probar nuevas experiencias.
Confiar no es no tener miedo.
Confiar es avanzar a pesar del miedo.
Algunos ejercicios prácticos que Sara trabajó en consulta para aprender a confiar y soltar
Ejercicio de seguridad interna
Este ejercicio ayudó a Sara a sentir, poco a poco, seguridad en su cuerpo. Si quieres practicarlo, estos son los pasos :)
Siéntate en un lugar tranquilo.
Coloca una mano en el pecho y otra en el abdomen.
Respira de forma lenta y profunda durante 1–2 minutos.
Repite mentalmente:
“Ahora estoy a salvo.”
“En este momento no hay peligro.”
No se trata de convencerte, sino de ofrecerle al cuerpo una experiencia diferente. Practícalo a diario para enseñarle que puede bajar la guardia poco a poco.
Identificar cuándo aparece el miedo para poder regularlo
Cuando notes tensión o desconfianza, pregúntate con curiosidad (no con juicio):
¿Qué miedo está apareciendo ahora?
¿Este miedo pertenece al presente o al pasado?
¿De qué está intentando protegerme?
Escribir las respuestas en un cuaderno ayuda a diferenciar lo que fue de lo que es, y a reducir la intensidad del miedo.
Respira y ve permitiendote el miedo, así irá diluyendose poco a poco.
Darse permiso para ir soltando
Confiar no significa relajarse del todo ni exponerse por completo. Empieza con pequeños actos de confianza:
Delegar una tarea pequeña.
Pedir ayuda en algo concreto.
Expresar una necesidad sencilla.
Descansar cinco minutos sin hacer nada “productivo”.
Este ejercicio ayudó a Sara a ir eliminando la la creencia de que soltar es peligroso.
Conclusión
Aprender a confiar no es un proceso rápido ni lineal.
Es un camino de respeto, paciencia y valentía.
No se trata de eliminar el miedo, sino de aprender a confiar incluso cuando el miedo aparece, sin dejar que dirija tu vida. Confiar es construir una seguridad interna que te permita avanzar paso a paso, sosteniéndote con más compasión y presencia.