Ana - Maltrato encubierto en la pareja

Ana llegó a consulta sin tener muy claro qué le pasaba. Se sentía confundida, agotada emocionalmente y con una sensación constante de estar “haciendo algo mal” en su relación.

No había gritos. No había insultos. No había nada que, visto desde fuera, pudiera parecer un problema.

Sin embargo, Ana vivía con una tensión interna continua.

Una relación inestable

Ana estaba confusa con lo que sentía. Su pareja podía ser cariñosa, cercana y detallista en algunos momentos. Pero en otros, sin un motivo claro, se mostraba distante, irónico o frío.

Cuando Ana intentaba expresar cómo se sentía, la respuesta solía ser: “estás exagerando”, “te lo tomas todo a mal”, “eres demasiado sensible”

Con el tiempo, Ana dejó de confiar en sus propias reacciones. Empezó a pensar que quizá el problema estaba en ella.

Señales del maltrato encubierto en la pareja

En las primeras sesiones, lo más difícil para Ana era poder nombrar con exactitud lo que sucedía.

No es maltrato”, decía. “No es tan grave como para llamarlo así”.

Sin embargo, al analizar su relación pudimos identificar:

  • Comentarios con tono irónico que la dejaban incómoda.

  • Cambios de humor que ella tenía que “gestionar” para evitar conflictos.

  • Momentos de afectoseguidos de frialdad sin explicación.

  • Y, sobre todo, una culpa difusa que la acompañaba casi siempre

No había un episodio único que pudiera señalarse como el problema. Era algo más sutil y más difícil de detectar.

Cómo afecta el maltrato encubierto a la autoestima

Lo que Ana estaba viviendo no era evidente para su entorno. Desde fuera, su relación podía parecer normal. Incluso había momentos en los que ella misma dudaba de si estaba exagerando.

Pero en su mundo interno, la experiencia era distinta: ansiedad, culpa e inestabilidad continua. Sentía que se estaba volviendo loca.

El momento de empezar a nombralo

En las sesiones de terapia online pudimos ponerle nombre a lo que estaba viviendo: maltrato encubierto o implícito. No había agresiones físicas ni violencia visible, pero su relación estaba impregnada de maltrato a través del juicio, la invalidación emocional y la ironía.

Trabajar el maltrato encubierto en terapia

Con el tiempo, Ana empezó a diferenciar entre lo que sentía y lo que le habían enseñado a cuestionar.

Aprendió a reconocer cuándo estaba minimizando su malestar o justificando a su pareja para adaptarse a la relación. Y también a validar las emociones que sentía.

Fue un proceso duro y difícil pero también liberador. Ponerle nombre a lo que estaba viviendo y soltar parte de la culpa le permitió recuperar calma y claridad.

Poco a poco fue recuperando la confianza en sí misma y en sus percepciones, volviendo a fiarse de su criterio y a tomar decisiones desde ahí. En definitiva, empezó a reconstruirse en una relación en la que, sin darse cuenta, se había ido perdiendo.

Si te sientes identificada con la historia de Ana no dudes en pedir ayuda, no estás loca, no eres culpable de todo. Estoy aquí para ayudarte :)





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